Del fuego que une
Hay en el alma humana un antiguo anhelo de reunión. No es sólo miedo al vacío, ni mera necesidad de defensa ante el frío del mundo: es la memoria de un fuego compartido. Desde los primeros días, cuando el hombre miró la noche estrellada y comprendió que solo no bastaba, la vida comenzó a tejerse en torno a otros rostros, a otras manos.
Hobbes vio con dureza lo que el alma siente en silencio: que sin la compañía de los semejantes, la existencia se torna áspera, como un campo sin siembra. El hombre aislado se vuelve un eco que se repite dentro de sí mismo, prisionero de sus sombras, sin la mirada del otro que le devuelva su forma. Porque no hay individuación sin espejo, ni crecimiento sin vínculo.
Jung diría que el grupo es también un símbolo del Sí-mismo: un círculo de reflejos donde el alma aprende a reconocerse en los demás, y al hacerlo, se vuelve más humana. Cada encuentro, cada vínculo, despierta arquetipos dormidos ..como del amigo, el guía, el hermano, el traidor, el amante, y en ese juego de espejos el individuo se descubre en su verdadera dimensión: no como isla, sino como nodo vivo de una red invisible.
Sin embargo, el hombre moderno, creyéndose libre, muchas veces confunde soledad con independencia. Se aparta del rebaño, no por sabiduría, sino por miedo o vanidad, y termina perdido en los laberintos de su propio yo. Entonces su vida se vuelve . .como advirtió Hobbes : pobre, bruta, breve… porque ha olvidado que la fuerza no proviene del aislamiento, sino de la comunión.
El ser gregario no es una debilidad, sino una forma sagrada de inteligencia. En el intercambio con otros, la vida circula, el alma respira, y el espíritu se fortalece. El grupo no es cárcel: es taller del alma. En él aprendemos a dar y recibir, a ver más allá del yo estrecho, a escuchar la melodía común que sostiene a todos los seres.
Quizás el destino del hombre no sea escapar de la colectividad, sino elevarla: transformar el instinto gregario en conciencia fraterna, el miedo a la soledad en amor a la unión. Porque sólo quien sabe compartir el fuego interior con los demás, puede iluminar de verdad su propio camino.
