Astrología Kármica

En la vida humana hay un momento silencioso y casi invisible… en el que tres corrientes del misterio humano comienzan a acercarse entre sí.
Durante meses se buscan como ríos subterráneos que avanzan en la oscuridad hasta encontrar una misma fuente.
La primera es la corriente de la materia.
Pertenece a la tierra, al cuerpo, a la herencia biológica, al ritmo de las células que lentamente se organizan en el vientre materno. Es la realidad tangible: el organismo que respira, el corazón que aprende a latir, los ojos que un día verán el mundo.

La segunda corriente es más sutil.
Podemos llamarla alma…la dimensión perceptiva de la existencia, aquella que siente, recuerda, reacciona y sueña. Es la camada de la experiencia, donde la vida deja sus huellas, donde se acumulan afectos, temores, talentos e intuiciones. El alma es el campo donde se despliega la historia interior del ser humano.

Y existe aún una tercera corriente, la más profunda y silenciosa:
la dimensión del propósito, o aquello que muchos llaman espíritu.

No se trata simplemente de creencia o religión, sino de la intuición de que la vida posee una dirección…un sentido que se revela lentamente a lo largo de la existencia. Es la fuerza que impulsa al ser humano a crecer, a transformarse y a buscar significado.

Durante la gestación estas tres dimensiones cuerpo, alma y propósito, se aproximan gradualmente. Se acomodan como las piezas de un instrumento delicado.
Por eso muchas tradiciones astrológicas siempre han observado con atención los momentos que preceden al nacimiento.
Algunos astrólogos contemplan la lunación anterior al nacimiento, como si allí se insinuara el instante simbólico en que la intención de la vida comienza a tomar forma. Otros observan el eclipse anterior, imaginando que esos raros encuentros entre el Sol y la Luna funcionan como portales a través de los cuales se anuncian nuevos ciclos de la existencia. Y hay quienes investigan el mapa de la concepción, inspirados por antiguas ideas herméticas que sugerían que el alma se aproxima al cuerpo mucho antes del primer llanto.

Todas estas observaciones no buscan determinar hechos históricos, sino acercarse a un misterio: el proceso mediante el cual una conciencia encuentra su lugar en el tiempo.

El nacimiento, entonces, aparece como el momento de culminación de ese encuentro.
Es el instante en que las tres corrientes finalmente se alinean: el cuerpo listo para respirar, el alma lista para sentir y el propósito listo para iniciar una nueva travesía.

Es en ese instante cuando la astrología levanta el mapa natal, no como un destino rígido, sino como un símbolo de la configuración inicial de la vida.

Entre los muchos elementos de ese mapa, algunos han sido tradicionalmente asociados con la memoria y la evolución del alma.

El eje de los Lunar Nodes, el Nodo Norte y el Nodo Sur, forma una especie de brújula interior. Muchas escuelas y astrólogos ven en este eje la polaridad entre aquello que el alma ya conoce profundamente y aquello que aún necesita explorar para crecer.

El planeta Plutón suele interpretarse como la memoria más profunda de la experiencia, un reservorio de deseos y transformaciones acumuladas a lo largo de la travesía de la conciencia.

Y Saturno, con su ritmo lento e inexorable, simboliza las estructuras de la realidad, los límites que educan y las responsabilidades que maduran al ser humano.

Juntos, estos símbolos forman algo semejante a un mapa de la travesía interior: un retrato del punto donde la vida comienza nuevamente y de las fuerzas que acompañan al viajero.

Así, la astrología kármica no busca únicamente prever acontecimientos. Invita más bien a una reflexión más profunda: la de que cada vida puede ser vista como un capítulo de una historia mayor, en la cual cuerpo, alma y propósito vuelven a encontrarse una y otra vez para continuar el antiguo trabajo de ampliar la conciencia.

Y tal vez por eso, al contemplar un mapa natal, algunos astrólogos sienten que están frente a algo que se parece a un manuscrito antiguo:
un texto todavía inconcluso, que comienza en el instante del nacimiento y que cada ser humano continuará escribiendo con las elecciones de su propia vida.

Guillermo G González 
Astrologia Psicológica
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